Es verdad, es triste pero no deja de ser verdad. Somos recuerdos, vagos y transitorios, podríamos resumir una noche con un cruce de miradas con esa chica que nos ha cautivado en la barra de un bar. Pero después de eso, desaparecemos entre las manos del deseo, como humo en el aire. A veces podemos ser un humo mas denso, otras veces ni dejamos rastro de olor. Así me fui anoche, con la típica frase de: ¿Tienes fuego?. Me convertí en humo tras esa frase, exhale una calada de mi cigarro y me fui.
Es complicado decirle a alguien que te importó que se ha convertido en humo, que desapareció sin dejar rastro, hablaba de una chica en una barra de un bar, pero perfectamente podría ser un amigo que conocemos de la infancia, una novia con la que acabamos de romper una relación de mas de 2 años. Pero veámoslo de un modo positivo, ese humo como mismo se va puede volver, puede envolvernos o colocarnos. Dejarnos un olor que recordaremos para siempre o si es un vapor muy caliente una quemadura que nunca se nos irá. Esa es la historia de la vida, transcurre como un cigarro, cada instante es un cigarro y la vida es un cartón gigante lleno de cigarros. Algunos instantes se consumen mas rápido o más lento. Muchas veces una misma persona nos puede durar lo que nos dura uno de esos cigarros o simplemente lo que tardemos en encender el mechero. Lo más importante es tener claro que cuando un cigarro se apaga, vuelves a encenderte otro.
Y no, no es una apología a convertirte en fumador, es una simple metáfora. Curiosa, además, ya que hay 2 cosas en común respecto a fumar y a vivir, que ambas nos acortan la vida. Obviamente el cigarro nos acorta la vida en sí, pero vamos que de esta vida no saldremos vivos, así que mejor disfrutar cada cigarro o cada momento como si fuera el último y dejemos de temer que va a pasar después de encenderlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario