Inundado por la oscuridad de este silencio, somos la pantalla, el teclado y yo. Una buena melodía para guiar mis dedos mientras el susurro va apoderándose de mi mente. Pensamientos, absurdos sueños que perseguir por pasadizos en medio de las conexiones neuronales. Una nueva noche donde jugar, donde generar esa absurda necesidad de mantenerme despierto. Jugar, esa inexpresividad que muestra tu cara es el juego perfecto para esta noche.
Restablecer el equilibrio significa obviar la calma, apretar los dientes y disfrutar el presente. Es una guerra terminar el día, pero lo tedioso es levantarme sonriendo y menos sabiendo lo que me depara cada día. No sirvo para la falsedad de este sistema, hay tantos momentos innecesarios y tanta enemistad de la que cubrirse las espaldas. Pero necesitarán más mucho más para impedir que siga soñando, que siga pensando en luchar, en llegar al final de mi destino. Un destino que escribo cada día, pero que lucho para que sea dedicarme al mundo audiovisual. Ahora mismo trabajo en ese mundo, pero no de la forma que yo desearía. Muchos dirán: "Al menos trabajas en lo que estudiaste", si tienen su parte de razón, pero no trabajo con el corazón con el que me gustaría hacerlo.
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